Viaje al gran queso

4/19/2017


Este es un cuento que escribí cuando estaba en Preparatoria para un evento cultural de mi clase de literatura. Alguna vez fue publicado, pero cuando cerré el blog por un tiempo lo borré y no lo volví a publicar en ningún lado… hasta ahora.
Decidí volver a hacerlo público y compartirlo. Con ustedes, Viaje al gran queso:


Erase una vez un Alex, y este Alex era un amante del queso, todo tipo de quesos, queso manchego, queso roquefort, queso gouda, queso cheddar, queso oaxaca, queso patagrass, queso rpresa… en fin, todo tipo de quesos.
Pero su mayor antojo y meta era probar el queso de la luna.

Todo mundo sabe que la luna está hecha 100% de queso, y un amante del queso como lo era él no podía morir sin haber probado el queso más grande del Sistema Solar.
Muchas veces intentó lanzarse hacía la Luna, por ejemplo, hizo una súper nave espacial… hecha de cajas de cartón; no tuvo mucho éxito. Intentó catapultarse… no tuvo más éxito que la nave-caja. Intentó volar… brazo roto. Intentó hacer unas alas también de cartón, pero al correr para tomar impulso y despegar… en pocas palabras, termino con un esguince de tobillo.
Probo cuantas cosas se le ocurrieron, y todas terminaban mal.

Se estaba empezando a decepcionar porque así como iba parecía que nunca podría llegar a la Luna y probar ese delicioso queso.
Pero un día sucedió algo bastante loco, sobre todo difícil de creer; era un anuncio de la mismísima NASA que buscaba candidatos para futuras misiones espaciales.
Alex no cabía en él de felicidad, era genial, era la oportunidad que estaba esperando por tanto tiempo para finalmente llegar a la luna.
No tardó en inscribirse y mandar su solicitud a la NASA, adjunta de una pequeña amenaza a los directivos que de no ser aceptado tendría que atacar de una manera muy fea las instalaciones de la Agencia.
Su solicitud fue bastante convincente ya que fue aceptado en exactamente 2 días. Su traslado a la NASA fue algo impresionante: llegó un camionetón negro con el sello del gobierno de EU, de ahí bajaron dos agentes del servicio secreto y se dirigieron directamente a él para subirlo al automóvil, todo eso mientras un escuadrón militar vigilaba muy de cerca la operación y un helicóptero federal rondaba la zona. No estaba seguro de por qué todo ese teatro, pero se veía bastante bien.
Antes de llegar a la NASA lo llevaron al FBI para hacerle unos cuantos estudios y unas preguntas relacionadas al adjunto en su solicitud.
Finalmente todo salió bien o no hubo inconvenientes para que se uniera a la Agencia Espacial, así que al terminar los cuestionarios pasaron a dejarlo en las instalaciones de la NASA.

Después de que le mostraran las instalaciones, los botones que no debía apretar, y le presentaran a la gente importante, llegó a su habitación a instalarse (lo cual significa llegar a aventar las maletas), e inmediatamente se fue a la cocina por algo de comer… claro, un pedazo de queso.
Después del asalto a los refrigeradores se puso a buscar la salida a los jardines cuando se topo de frente con un chico algo extraño, tenía unos ojos enormes lo que lo hacía ver algo raro. Se presentó como Rafael pero le gustaba más que le dijeran Wenceslao.
A Wenceslao le gustaba volar, pero solo si el vuelo era en línea recta y siempre hacía arriba, es así como llegó a la NASA, porque los lanzamientos son de ese modo. Además así lo podían usar como piloto experimental.
Alex y Wenceslao se cayeron bien y empezaron a platicar de cómo es que habían llegado a la NASA y cuál era su meta o sueño. Wenceslao se entristeció un poco porque su llegada había sido de lo más aburrida  no haber habido un pelotón armado, ni visita al FBI, ni hubo cuestionarios raros.
Cuando Alex le contó que lo que deseaba era llegar a luna para probar el queso de allá se le iluminaron los ojos a Wenceslao porque podría ayudarlo y de paso podría cumplir su sueño de volar un cohete federal. Además con la experiencia de vuelos previos no sería difícil llegar a la luna.

El plan estaba hecho y no podían perder mucho tiempo por lo que decidieron ponerlo en marcha esa misma noche secuestrando la nave para poder partir antes de las 6am.
En lo que quedaba de tarde, Alex preparó una maleta para el viaje, primero tomo la maleta mas grande que encontró, metió unos cuantos pares de boxers, dos pantalones, tres playeras, un par de calcetines… y el resto lo llenó con quesos para comer en el camino.
A las 10 de la noche se encontraron en el hangar donde se habían quedado de ver. Alex llevaba su gran maleta y Wenceslao solo llevaba unos calzones en la cabeza y una chamarra puesta, pues tal vez en la luna haría mucho frío. Alex decidió no preguntar el por qué de los calzones en la cabeza, simplemente se apegó al plan.
Juntos buscaron la nave más ruidosa y que más chispas sacaba. Abordarla no fue gran problema. Se acomodaron, estudiaron un poco la nave, y esperaron al amanecer para despegar, claro, antes de las 6.
Y así fue, cuando el reloj marcó las 5:59am estaban listos para partir haciendo el mayor escándalo que lograron. Fue un despegue tranquilo al interior, aunque el guardia chamuscado en la estación no podía decir lo mismo.
Alex y Wenceslao se encontraban ya rumbo a la luna. En lo que llegaban se pusieron a pensar lo que harían al llegar. Alex no sabía qué hacer con tanto queso, mientras que Wenceslao ya estaba contento; robo una nave, hizo un despegue fenomenal, chamusco un guardia, su recompensa serían unos ricos nachos con mucho mucho queso. Ambos estaban muy contentos y faltaba cada vez menos.

A Alex se le salía el corazón de emoción cuando empezaron el descenso en la superficie lunar. Al abrir la escotilla por supuesto él fue el primero en salir, sabía de la falta de gravedad así que dio un gran brinco al salir de la nave con brazos y pies extendidos para caer en el piso de queso… pero al caer se dio cuenta de que algo andaba mal, todo lo que tocaba era roca. No podía ser, todo mundo sabía que debía ser queso, no roca, pero no había rastros de ningún tipo de queso. Wenceslao salió de la nave para ver a Alex completamente confundido y también desconcertado porque según veía, no habría queso para sus nachos.

Lo que no habían notado, era un pequeño hombrecillo azulverdoso y de aspecto curioso que los veía desde detrás de una roca. Veía la cara de desconcierto del chico que salió brincando y el extraño sombrero del otro chico.

Alex veía a todas direcciones buscando alguna señal de queso, pero no había nada; de pronto alcanzó a ver a aquel hombrecillo que salió corriendo, pero no era muy veloz así que corrió tras él. Wenceslao al verlo correr también acudió a ver de qué se trataba.
Alex alcanzó al hombrecillo y como podía, con señales, males actuaciones y palabras raras, intentaba preguntarle sobre el queso de la luna. Al hombrecillo le costó trabajo, pero después de unos minutos lunares logró entender qué es lo que buscaban los visitantes terrestres, pero se negaba a decirles. Alex ya no sabía que hacer para pedirle que le dijera dónde estaba el queso o por lo menos que le diera un poco.
Cuando estaban por rendirse Wenceslao se levanto y se recargó en una roca, para pensar en algo más sacó una barra de chocolate para que fluyeran las ideas; el hombrecillo al ver esa barra de chocolate que se veía tan apetitosa abrió los ojos como platos e intentó alcanzar aquella barra; Alex le pidió (aunque fue más como un arrebato) la barra de chocolate para ponerla frente a los ojos del hombrecillo. El trato era fácil, él los llevaba al queso y Alex se encargaría de darle mucho chocolate. El hombrecillo aceptó.

El queso no estaba a la vista porque se podía derretir con el sol, la roca era solo una cubierta, todo el queso era el núcleo de la luna, así que solo tuvieron que bajar unos escalones por una puerta secreta para llegar a la gran bóveda del queso lunar. Alex y Wenceslao quedaron asombrados por la cantidad de queso que tenían ante sus ojos, había suficiente queso para toda una vida y para miles de nachos, entonces Alex se acerco al queso, tomo un gran pedazo y lo probo, y justo en ese momento……



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